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Cuarentena en el extranjero

No puedo dejar de pensar en lo cerca que he estado. Yo vivía en Madrid y nuestra capital está en el ojo del huracán por ser uno de los núcleos de la pandemia. Me dedico a uno de esos trabajos en los que te relacionas con mucha gente, y con el que más trato tenía era con mi jefe, que se relacionaba aún con más personas que yo. Era muy sencillo que me contagiara: en cualquier reunion o encuentro con clientes o proveedores lo podíamos haber contraído. Si hacemos una de esas gráficas que están tan de moda, las conexiones son enormes.

 

Me fui de Madrid hace poco más de un año y ahora vivo en Alemania, que en España no dicen muy bien la razón por la que, dentro de lo que cabe, está tan bien, aunque creo que sí lo saben: que si no declaran todas los fallecidos, que si hacen muchos tests… El caso es que aquí la situación está mucho más controlada, pero las cosas no suceden por casualidad.

 

Mi hermano, que también está en Alemania, y yo, no podemos dejar de pensar tampoco en mis padres, que continúan en España, y están rozando la edad de riesgo. La primera semana de cuarentena fue dura para mí, ya que tenía mucho miedo, racional o irracional, a que se contagiaran. Apenas dormí, no me concentraba en el trabajo, estaba siempre invadido por la preocupación. ¿Qué hacemos si enferman? ¿Cómo vamos hasta allí? ¿Cómo podemos protegerles? Afortunadamente han sido muy responsables y han hecho una cuarentena de verdad, de las de salir exclusivamente una hora cada tres semanas a hacer la compra, y siguiendo siempre unas estrictas normas de higiene.

 

Creo que las rigurosas pautas de higiene que mi madre nos ha enseñado desde pequeños es una de las razones que nos han ayudado a evitar la infección: lávate mucho las manos, no toques nada, no te agarres a la barandilla de las escaleras que ahí toca todo el mundo, ponte guantes… Justo lo que ahora declaran como esencial todos los expertos del mundo nos lo lleva diciendo mi madre durante 37 años. Y eso sin ser científica o Licenciada en Filosofía.

 

Tampoco puedo dejar de pensar en mis amigos sanitarios, los cuales están más expuestos que nadie a caer contagiados, tanto por estár cerca de la enfermedad como por la poca protección que se les asigna. ¿Pero dónde estamos? ¿Cómo es posible que haya trabajadores en hospitales haciéndose trajes con bolsas de basura? ¿Cómo es posible que a los políticos les hagan varios tests al primer síntoma, o que quieran reanudar la liga de fútbol y hacer tests a los futbolistas, pero no haya para los sanitarios? ¿Cómo es posible que la gente vuelva al trabajo sin protección y sin tests? ¿Cómo es posible que hayamos llegado a permitir esto y a verlo hasta normal? Recuperaremos la normalidad, pero mientras no recuperemos el control seguiremos bailando a su son. Éste es el tipo de eventos que cambian una sociedad, espero que cuando todo termine no estemos muy cansados para luchar contra los que han mirado por ellos y no por nosotros.

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